"Tenés que quererte más." Es un consejo bien intencionado pero poco útil. Nadie sube la autoestima porque alguien se lo diga, del mismo modo que no se aprende a andar en bicicleta leyendo sobre el equilibrio. La autoestima se construye —gradualmente, con trabajo real— y tiene mucho menos que ver con sentirse bien con uno mismo todo el tiempo de lo que se suele creer.
¿Qué es la autoestima?
La autoestima es la valoración global que hacemos de nosotros mismos: cuánto nos respetamos, cuánto sentimos que valemos, cuánto creemos merecer cosas buenas en la vida. No es un estado emocional transitorio (sentirme bien hoy) sino una estructura relativamente estable: la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos a lo largo del tiempo.
La autoestima tiene componentes:
- Cognitivo: los pensamientos y creencias sobre uno mismo ("Soy capaz", "No sirvo para nada", "Soy querible")
- Emocional: los sentimientos que emergen al pensar en uno mismo (orgullo, vergüenza, indiferencia)
- Conductual: cómo nos tratamos en la práctica (si priorizamos nuestras necesidades, si nos permitimos pedir, si nos exponemos a desafíos)
¿Cómo se forma la autoestima?
La autoestima tiene raíces profundas en la infancia. Las experiencias tempranas con los cuidadores primarios son determinantes: si un niño o niña crece sintiéndose amado/a incondicionalmente, sus errores son tratados con comprensión y sus logros son reconocidos sin exageración, desarrolla una base sólida de autoestima.
Cuando en cambio el amor fue condicional al rendimiento, hubo crítica excesiva, negligencia emocional, comparaciones o mensajes de "no sos suficiente", la autoestima se construye sobre cimientos frágiles.
Esto no significa que la autoestima esté fija para siempre. La neuroplasticidad —la capacidad del cerebro de cambiar a lo largo de la vida— permite que se pueda trabajar y fortalecer en cualquier etapa.
Autoestima sana vs. baja autoestima
La autoestima sana no implica sentirse perfecto o superior. Es:
- Poder reconocer fortalezas y debilidades sin que las debilidades definan el valor propio
- Tolerar el error sin que sea una catástrofe
- Poder pedir ayuda sin vergüenza
- Sentir que se merece cosas buenas y estar dispuesto/a a buscarlas
- No necesitar aprobación constante del exterior para sentirse bien
La baja autoestima puede manifestarse de formas muy distintas:
- Autocrítica feroz y constante
- Dificultad para aceptar elogios o reconocimientos
- Compararse permanentemente con otros
- Miedo al fracaso que lleva a la evitación
- Necesidad excesiva de aprobación
- Dificultad para poner límites o decir no
- Relaciones en las que se acepta ser maltratado/a
Mitos sobre la autoestima
"La autoestima viene de los logros." Los logros pueden dar satisfacción transitoria, pero la autoestima basada solo en el rendimiento es frágil: cuando los resultados fallan, se derrumba. La autoestima sólida está desvinculada del rendimiento.
"La autoestima alta es lo mismo que la arrogancia." La arrogancia suele ser, paradójicamente, una defensa de una autoestima frágil. La persona verdaderamente segura de sí misma no necesita afirmar su superioridad.
"Si me critico mucho, me voy a superar." La autocrítica excesiva no motiva: paraliza, genera vergüenza y alimenta la evitación. La investigación muestra que la autocompasión es más efectiva que la autocrítica para el aprendizaje y el crecimiento.
¿Cómo se trabaja la autoestima en terapia?
Identificar y cuestionar creencias nucleares
Las creencias nucleares son afirmaciones profundas sobre uno mismo: "Soy un fracasado", "No soy querible", "No soy capaz". Son automáticas, suelen ser invisibles y se toman como verdades absolutas. La TCC trabaja para identificarlas, examinar su evidencia real y reemplazarlas gradualmente por creencias más matizadas y funcionales.
Trabajar la autocompasión
Tratarse a uno mismo con la misma amabilidad que a un amigo querido. No ignorar el dolor ni exagerarlo: reconocerlo y responderle con cuidado. Es una práctica que se entrena.
Actuar en consecuencia con el valor propio
Una parte importante de la autoestima se construye a través de la acción: comprometerse con cosas que importan, poner límites, pedir lo que se necesita, exponerse a desafíos. No alcanza solo con pensar diferente: hay que actuar diferente, aunque al principio genere incomodidad.
Reescribir la historia con compasión
Muchas personas con baja autoestima tienen relatos sobre su historia llenos de vergüenza y fracaso. La terapia puede ayudar a revisar esa historia desde una perspectiva más compasiva y completa: entendiendo el contexto, reconociendo el esfuerzo y distinguiendo las circunstancias del valor propio.
Un punto de partida
Si querés empezar antes de llegar a la consulta, una práctica simple es esta: durante una semana, anotá cada noche tres cosas que hiciste ese día que valieron la pena —no tienen que ser grandes cosas. El objetivo no es pensarte mejor: es aprender a registrar lo que ya está bien.
Si sentís que tu autoestima afecta tus relaciones, tu trabajo o tu bienestar general, podés escribirme. Trabajo desde un enfoque cognitivo-conductual y de esquemas, de forma presencial en Pocitos, Montevideo y online desde donde estés.